spray salino

Esto es una fotografía que muestra el spray de humedad que empuja el viento cotra la costa, bastante suave, sin embargo suele ser más intenso. Aunque nos resulte molesto, a lasp lantas que crecen en la zona de cosa y dunas, les beneficia. No es un ambiente fácil, porque es muy salino, y esto se nota en los pares de zapatos que acabamos teniendo que retirar porque quedan inutilizados.
Las plantas que crecen en este ambiente soportan de varias formas esta salinidad, y la acidez que disminuye progresivamente conforme nos vamos tierra adentro. Así es que podemos encontrar plantas que controlan muy bien su contenido en agua interno, manteniendo la sal en el exterior. Una de las más buscadas es la esparaguera, que va a la cocina en cuanto está ya crecida. También la jara, la drácena, la yuca, la lavanda, la verónica, la hiedra, el laurel, el ciprés, el pino piñonero, el ágave (introducido), y el aloe vera.
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eólica

aguas fecales y epidemias



John Snow y la ciudad de Londres, origen de la primera teoría que explicó el motivo de las muertes por contaminación. ........
Londres es una ciudad fundada en el año 43 por los romanos (Baelo Claudio lo fue en el siglo II a. de C por fenicios., y por cierto, fue arrasada por un maremoto). Hoy tiene, incluyendo su área metropolitana, más de 8.000.000 habitantes. Esta ciudad fue objeto parcial del estudio de un médico inglés, John Snow, en 1854. El motivo fue el alto número de muertes (no solo procesos infecciosos sin consecuencias) en la ciudad. Registrando los puntos en los que se bebía agua, los pozos, y las muertes, concluyó que el motivo era la contaminación del agua por las heces, la existencia de aguas fecales, que contaminaban los pozos de agua ¡potable!. El modo de vida europeo en lo que a higiene se refiere era este hasta la fecha, en poblaciones, casas, vaquerías, haciendas, castillos. Lo que hoy resulta normal, entonces ni siquiera podía ser imaginado o existía. Este caballero es considerado el precursor de la epidemiología.
Un proceso natural, se convierte en un problema cuando es alterado sin conocimiento del mismo. La existencia de virus, bacterias, parásitos, es natural. Forma parte de la vida biológica, y controlar sus efectos sobre nosotros en nuestro beneficio no es solo cuestión de vacunas, sino de higiene de un modo de vida.
Todos los residuos orgánicos de bacterias, algas, hongos, vegetales o animales, tienen un camino de reingreso al ciclo natural de aprovechamiento, su descomposición. Este ciclo se cierra por la existencia de algunos seres vivos que poseen el nicho (un “oficio natural”, un “trabajo”, una “profesión” ) de descomponedores, un modo de alimentación. Y se encuentra entre dos fronteras: la aparición de restos orgánicos por la muerte de un ser vivo o sus excreciones, y la integración en el estómago de alguien, o su asimilación en el suelo o aguas, como nutrientes naturales. Esto no causa problemas al conjunto existente en un biotopo, salvo en las ocasiones en que los aportes aparecen en exceso, se acumulan y no fluyen cerrando el ciclo por algún motivo concreto.
Un aporte excesivo de desechos del ganado, o de una ciudad no de gran tamaño, son suficientes para atiborrar las aguas superficiales o subterráneas, incluso las tierras (suelos) de nutrientes de forma excesiva. Esto puede traer la explosión de poblaciones de organismos especializados en estos ambientes: bacterias, virus, algas, insectos, y en general todo tipo e posibles vectores de bacterias, virus y parásitos que pueden generar enfermedades molestas, crónicas, y letales para animales y personas. La eutrofización de aguas, las mareas rojas, las aguas muertas en ríos, son casos ejemplares de este “fenómeno”.
Mientras que la ciudad de Londres reaccionó, como muchas otras, siguen existiendo ciudades (era de esperar) en el mundo en las que por diferentes motivos (políticos, económicos, pobreza, ignorancia, guerras) esto sigue siendo un hecho presente y permanente. Este es el caso de Bolonia (que no de Claudio Baelo, que es una ciudad muerta por un maremoto, no por una epidemia) Esta ciudad del sur de Cádiz, desconoce todavía lo que otros ni mencionan porque parece “funcionar solo”: una red de saneamiento. Es inexistente: las aguas fecales fluyen a las tierras, en las que las vacas libres pastan, las cabras ramonean, los perros juguetean, y de igual modo, la leishmaniosis y los humanos campan a su libre albedrío. Añadamos que la construcción ilegal, la falta de ordenación urbanística, la precariedad de servicios, el abandono pactado de cultivos, el furtivismo, y otros endemismos culturales de los recientes años, se entremezclan con otras epidemias:
Una EDAR (estación depuradora de aguas residuales) mira desde lo alto el “poblado”, repleto en verano de quien llega a descansar, oloroso, encerrado entre tres “parques naturales: una joya calificada de salvaje, donde loas tortugas del riachuelo mueren asfixiadas cuando las aguas verdes agotan el oxígeno, y en cuyas playas, las carabelas y los mamíferos intoxicados (generalmente sangrando por la boca) aparecen crónicamente.
Lo bañistas no son partícipes conscientes de ello, y siguen con su habitual comportamiento. El motivo de este parón técnico, parece deberse no como en Bangkok a los problemas desorbitados de urbanismo difícilmente modificable: más bien al cumplimiento de planes urbanísticos que comprenden la puesta en marcha del saneamiento, pero acorde a nuevas urbanizaciones proyectadas para los próximos años, que nada tienen que ver con las actuales.
En España, la Junta de Andalucía, asume la gestión de sus tierras y sus gentes, de éstas también. De este modo, una vez más queda a la vista de quien llega desde otras fronteras (y educadamente aguanta) la ensalada de vicios españoles: ignorancia, descaro, corrupción, miseria, suciedad, escombro. El paraíso para un ambientólogo que desee hablar de eso, de la “mierda”. Y el paraíso para el político que desee delinquir: sin denuncia, no hay delito.
Esto equivale hoy al tratamiento de las personas como si fuesen imbéciles del siglo XVI, cuando se desconocía el origen de estas “epidemias”. Podrá ocurrir que una ONG africana se acerque a España a cooperar voluntariamente en la identificación, el aporte económico, y el equipamiento necesario por este motivo, antes de que los dirigentes españoles se enteren de lo que les exige el siglo XXI.
(El Cólera) Wikipedia (El Cólera) CDC
aprovechamiento del corcho

Quercus suber
Esta es una pequeña referencia, muy humilde, a un árbol que se encuentra de pié en todo el parque de los Alcornocales, dando vida a una extensión que enlaza el norte de la provincia de Cádiz con la última sierra frente a Tarifa. Y da vida a un trabajo, la extracción del corcho, hoy llevada con más cabeza que otras actividades. Cubre montes laderas, proporciona una vista que no deja ver realmente lo que hay detrás de ella. En gran parte de su extensión, es el “albergue” de especies animales de gran importancia en los ecosistemas mediterráneos: águila imperial (hoy es rara, no la apreciamos como debiera), cigüeñas (la cómun y la cigüeña negra), el lince ibérico, la gineta, el meloncillo, el camaleón. Un alcornocal es una de las casas naturales de estos personajes. Cuando llega el momento de viajar al norte o al sur, las aves migratorias que cruzan el Estrecho de Gibraltar necesitan obligadamente parar a descansar tras los trayectos realizados a lo largo de miles de kilómetros, generalmente hecho de noche. Resulta imprescindible, el descanso físico como el “repostaje”. Marismas, alcornocales, bosquetes, dormideros que han sido una zona arriesgada siempre en España para ellos, más que en Europa.
Estos árboles pueden vivir entre 70 y 150 años. A partir de los 40 años se comienza la cosecha, repitiéndose cada 10 años. El corte en el corcho lo realizan sin herir la capa interior de madera viva, que una vez queda muerta por su crecimiento natural, vuelve a formar el corcho. El corcho es un entramado de células muertas, de paredes de cerina y suberina (confieren propiedades ignífugas al corcho), cuya cavidad interior contiene gas. Además, la presencia de cavidades con gas es mayor relativamente que la de paredes celulares muertas: el corcho se comporta como un conjunto de cámaras de gas, con muy poco peso, lo que lo hace tan ligero.
El alcornocal alberga entre 115 y 140 especies diferentes de plantas.. Pese a la presencia de líquenes (que son buenos indicadores de la buena calidad ambiental) , el corcho es prácticamente imputrescible. No sufre el ataque de insectos. Con paciencia, paseando por el bosque, es fácil encontrar diferentes insectos que acomodan sus huevos, o se apostan a la caza, o se refugian, entre las lamas de la corteza que están ligeramente desprendidas, o en sus oquedades. Y se debe añadir a todo esto, que es muy resistente a los líquidos, un fabuloso aislante térmico y ¡acústico!.
Si algo puede ser recomendable, es dejar pasar un día en el alcornocal, paseando lo más tranquila y silenciosamente posible. Aves e insectos son más fáciles de ver durante el día, reptiles a las horas de más Sol y calor, pero nada comparable como pasear silenciosamente al amanecer o al crepúsculo. Y, claro está, es mejor no llevar perfume alguno encima. 

